... experiencias nómadas

8 de noviembre de 2011

Tiger Safari por el Parque Nacional de Ranthambore


Por cambiar de tercio, decidimos dar tregua a ciudades y visitas monumentales. Nos apetecía un poco de naturaleza.
Dicen que en este paraje al este de Rajastán habitan 40 tigres; es el número que tienen censado. Pero no es fácil verlos.
Llegamos en un cutre-bus a Sawai Madhopur, tras un viaje-tortura de unas 5-6 horas, en el que recorrimos bucólicos parajes agrícolas y también poblados paupérrimos. Nada de asfalto; más bien una trocha carrozable por la que sólo cabía un vehículo en una sola dirección.
Exhaustos decidimos darnos el lujo de alojarnos en un “resort” de cierta categoría, con piscina, y que nos organizaran un safari para ir al día siguiente en busca de los tigres.
El entorno del alojamiento no tenía absolutamente nada. Era sólo una carretera en cuyos márgenes se apilaban villages y resorts para los turistas.

Nos levantamos antes del amanecer. A las 06.45 horas nos vinieron a buscar en un jeep. Compartíamos vehículo con una familia india de bien residente en Delhi. La mañana era fría y más con la velocidad, porque el vehículo era abierto. Así es que nos abrigamos bien.

En silencio, dieciséis ojos (contando con los dos guías) escudriñamos cada rincón del paraje. Descubrimos shambares, ciervos, multitud de aves …. pero en las 3 horas que duró el recorrido no pudimos ver más rastro de los tigres que algunas huellas en la arena que probaban su reciente paso.

Una pena, la verdad. Pero el paseo matutino, incluida la salida del sol, por aquellas hermosas tierras, hizo que en absoluto nos sintiéramos frustrados por haber fracasado en el intento de habernos topado con los felinos.

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Sawai Madhopur, 8 de noviembre de 2011

7 de noviembre de 2011

Bundi, los viajes en tren y otros usos y costumbres

En general, cuando una compra un billete de tren en la India nunca sabe lo que ese viaje le puede deparar.
Sentarse un rato en un andén de cualquier estación ferroviaria, mientras se espera el tren, es la mejor forma de llevar a cabo un estudio sociológico de la India a diferentes niveles.
Están quienes llevan grandes equipajes, incluidas mantas y colchonetas para pernoctar en andenes abarrotados de personas, palomas, ratas y desperdicios; acompañado todo esto de un estupendo olor a cloaca. Están quienes apenas si llevan un bolso de mano, o la tartera con la comida casera (seguro que más rica que la del tren!). Son quienes suelen viajar en sleeper, la clase ms económica, esos vagones oscuros y turbios del tren, con ventanas enrejadas sin cristal, amontonados unos encima de otros, pero que consiguen llegar a su destino peor que mejor por unas cuantas rupias.

También los trajeados hombres de negocios con maletín (y digo hombres porque mujeres no hemos visto ni una con tales dedicaciones). Las familias numerosas que viajan a modo de tribu, y que comparten conversación a gritos. Los grupos de escolares que van de excursión. Y podra seguir con un largo etcétera. Todos estos y los turistas compartimos las butacas de segunda clase con aire acondicionado, a veces sentados, a veces tumbados, según el trayecto.

En este caso el viaje vespertino de Udaipur a Bundi lo hicimos acompañados de Peter y su esposa, dos australianos mochileros de sesenta y pico, super majetes, grandes viajeros y buenos conversadores; dos indios treintañeros que iban a Delhi por motivos de trabajo y un buen hombre indio de mediana edad que iba a Kota a la boda del hijo de un amigo, y con quien intercambiamos un montón de impresiones.

Por lo visto aquí es costumbre que las bodas duren 2 ó 3 días. El periodo de casamientos comienza tras el Diwali (esa fiesta de luces y fuegos artificiales similar a nuestra noche vieja que vivimos en Jaipur). Aquí todas y todos tienen claro que tarde o temprano se tienen que casar con quien Dios decida para nosotros -nos dice el hombre en un aceptable inglés y con total convicción. En realidad son los padres de cada una y de cada uno quienes deciden con quién se casan, a qué edad se casan, etc. Si tienen suerte -porque sus familias son de nuevas costumbres- los futuros esposos podrán verse en persona antes de casarse e incluso hablar por telfono alguna vez. Esto ocurre así con una inmensa mayora de la población india; sólo en las grandes urbes las nuevas generaciones descendientes de familias con cierto nivel educativo y cultural -alejadas de los estrictos mandatos religiosos y del sistema de castas- mantienen relaciones afectivas tal y como nosotros las entendemos.

Es de noche y el tren ha llegado a Bundi, nuestro destino. Nos despedimos de nuestros compañeros de viaje. A las puertas de la estación nos esperan los temibles conductores de ricksaw ansiosos por hacer una carrera. Regateamos duro y conseguimos llegar a la casa de huéspedes. No resulta ser la mejor del viaje, pero al menos sí la más barata. Además bien amortizada porque pasamos muchas horas en ella .. Digamos que es lo que mejor conocemos de Bundi.
Amanezco con un ligero retortijón, que fue increscendo a lo largo de la mañana durante la visita al Palacio de la Ciudad, un lugar de ensueño y cuentos de hadas del que apenas pude disfrutar.

Casi dos días en cama para reponerme, en compañía de mi inseparable enfermero y de una botella de un litro de Sueroral.
Nos han contado que Bundi está bien, que es bonito y tranquilo.

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Bundi, 07 de noviembre de 2011

4 de noviembre de 2011

Udaipur


Udaipur presume de ser la ciudad más romántica de Rajastán. Sus edificios pugnan por tener las mejores vistas al lago Pichola y ésto hace que las alturas superen la media de otras ciudades del entorno. El palacio se cierne sobre la ciudad y observa con envidia el hotel de ensueño situado en medio del lago y la infinidad de terrazas que se agolpan para acoger el gran número de turistas que acuden aquí escapando del caos de las ciudades más grandes.

Famosa por sus pinturas concentra un elevado número de salas de venta y exposición a las que conseguimos resistirnos con esfuerzo. Otros de sus reclamos turísticos son los paseos en barco alrededor del lago y que por un precio, a nuestro parecer abusivo, permite entrar a visitar el impoluto hotel situado en su interior.

Nadie nos avisó a la llegada, quizá porque era demasiado temprano, (apenas amanecía), de que las vacas de este sitio, aunque seguramente igual de sagradas, no eran tan de fiar como las que hasta ahora habíamos encontrado y sin esperarlo y por la espalda recibí una cornada sin consecuencias que nos hizo guardar mayores distancias en adelante con estos amables animalitos.

Recorrimos todos los rincones de Udaipur para elegir entre los restaurantes más tentadores y poder seguir tachando de nuestro listado gastronómico algunos platos nuevos y conocimos algunos compatriotas que se habían acercado como nosotros atraídos por el olor de los riquísimos guisos, alguno de los cuales, probablemente, harían que Laura se sintiese algo indispuesta alguna jornada más adelante.

Caminando y caminando, la ciudad se nos hizo pequeña y salimos a visitar una zona recreativa local que no distaba mucho del centro y que también tenía un lago como referente. En su zona central en lugar de un hotel de lujo decidieron construir en este caso un jardín para pasear después del acceso en barca.

Por último visitamos un taller con instrumentos folclóricos y disfrutamos de su música antes de planificar el transporte para nuestro siguiente destino.

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Udaipur 4 de noviembre de 2011