En general, cuando una compra un billete de tren en la India nunca sabe lo que ese viaje le puede deparar.
Sentarse un rato en un andén de cualquier estación ferroviaria, mientras se espera el tren, es la mejor forma de llevar a cabo un estudio sociológico de la India a diferentes niveles.
Están quienes llevan grandes equipajes, incluidas mantas y colchonetas para pernoctar en andenes abarrotados de personas, palomas, ratas y desperdicios; acompañado todo esto de un estupendo olor a cloaca. Están quienes apenas si llevan un bolso de mano, o la tartera con la comida casera (seguro que más rica que la del tren!). Son quienes suelen viajar en sleeper, la clase ms económica, esos vagones oscuros y turbios del tren, con ventanas enrejadas sin cristal, amontonados unos encima de otros, pero que consiguen llegar a su destino peor que mejor por unas cuantas rupias.
También los trajeados hombres de negocios con maletín (y digo hombres porque mujeres no hemos visto ni una con tales dedicaciones). Las familias numerosas que viajan a modo de tribu, y que comparten conversación a gritos. Los grupos de escolares que van de excursión. Y podra seguir con un largo etcétera. Todos estos y los turistas compartimos las butacas de segunda clase con aire acondicionado, a veces sentados, a veces tumbados, según el trayecto.
En este caso el viaje vespertino de Udaipur a Bundi lo hicimos acompañados de Peter y su esposa, dos australianos mochileros de sesenta y pico, super majetes, grandes viajeros y buenos conversadores; dos indios treintañeros que iban a Delhi por motivos de trabajo y un buen hombre indio de mediana edad que iba a Kota a la boda del hijo de un amigo, y con quien intercambiamos un montón de impresiones.
Por lo visto aquí es costumbre que las bodas duren 2 ó 3 días. El periodo de casamientos comienza tras el Diwali (esa fiesta de luces y fuegos artificiales similar a nuestra noche vieja que vivimos en Jaipur). Aquí todas y todos tienen claro que tarde o temprano se tienen que casar con quien Dios decida para nosotros -nos dice el hombre en un aceptable inglés y con total convicción. En realidad son los padres de cada una y de cada uno quienes deciden con quién se casan, a qué edad se casan, etc. Si tienen suerte -porque sus familias son de nuevas costumbres- los futuros esposos podrán verse en persona antes de casarse e incluso hablar por telfono alguna vez. Esto ocurre así con una inmensa mayora de la población india; sólo en las grandes urbes las nuevas generaciones descendientes de familias con cierto nivel educativo y cultural -alejadas de los estrictos mandatos religiosos y del sistema de castas- mantienen relaciones afectivas tal y como nosotros las entendemos.
Es de noche y el tren ha llegado a Bundi, nuestro destino. Nos despedimos de nuestros compañeros de viaje. A las puertas de la estación nos esperan los temibles conductores de ricksaw ansiosos por hacer una carrera. Regateamos duro y conseguimos llegar a la casa de huéspedes. No resulta ser la mejor del viaje, pero al menos sí la más barata. Además bien amortizada porque pasamos muchas horas en ella .. Digamos que es lo que mejor conocemos de Bundi.
Amanezco con un ligero retortijón, que fue increscendo a lo largo de la mañana durante la visita al Palacio de la Ciudad, un lugar de ensueño y cuentos de hadas del que apenas pude disfrutar.
Casi dos días en cama para reponerme, en compañía de mi inseparable enfermero y de una botella de un litro de Sueroral.
Nos han contado que Bundi está bien, que es bonito y tranquilo.
Si quieres ver nuestras fotos pincha aquí.
Bundi, 07 de noviembre de 2011
No hay comentarios:
Publicar un comentario