... experiencias nómadas

2 de noviembre de 2011

Pushkar, ciudad santa de peregrinación hinduista y de concentración hippie


Rodeada de pequeñas colinas y separada de Ajmer por el llamado monte de la culebra, en un paraje semiverdoso, yace esta pequeña ciudad.
Según dicta la tradición todo hinduista debería venir a esta ciudad al menos una vez en su vida, ya que en ella se encuentra el más importante de los templos dedicados a Brahma, el dios de la creación del mundo.
La vida religiosa se concentra en el pequeño lago en torno al que se ha desarrollado la ciudad. Desde la calle principal que lo rodea se puede acceder a las escalinatas a través de los múltiples callejones -aquí llamados ghats. Los monjes entregan pétalos de flores a cambio de limosnas a quienes quieran ofrecer sus rezos. La devoción lleva además a adentrarse en sus turbias aguas, que paradójicamente “sirven” para purificar almas y resarcir culpas. Casi desde cualquier punto de la ciudad se pueden oir de forma repetitiva a lo largo del día los cánticos religiosos, como si fuera una banda sonora.
No obstante, lo cierto es que hoy en día paseando por sus calles se cuenta el mismo número de peregrinos que de turistas hippies. Y a eso hay que sumarle una gran cantidad de curiosas y curiosos, camelleros, fotógrafos, reporteros, etc. en estas fechas en las que está a punto de comenzar la Feria de Camellos, una de las de mayor fama internacional.
En una explanada adyacente a la ciudad vieja, todo se prepara para la gran fiesta. Durante siete días se podrá disfrutar de competiciones de camellos, desfiles, subastas, paseos en carrozas tiradas por camellos, bazares, melodías de los músicos que tocan el shitar, chiringuitos de comida rápida (y grasienta, como en cualquier feria!), atracciones tipo noria y coches de choque.

Fuera de este caos feriante, seco y polvoriento, la ciudad vieja se presenta como el paraíso de las compras para el turista. Decenas de coloridos puestos ofrecen una extensa gama de souvenirs: telas, ropas, calzado, adornos, especias, y además servicio de afeitado para los hombres, masajes ayurvédicos, predicción del futuro, etc.

Son tantos y tan intensos los estímulos visuales, auditivos y olfativos que ofrece esta pequeña ciudad, que una queda realmente impregnada de ella.

Sólo los restautante-terraza con música relajante situados en algunas azoteas suponen un remanso de paz; además buenas vistas y brumosas puesta de sol.

Si quieres ver nuestras fotos pincha aquí .

Pushkar, 2 de noviembre de 2011

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