... experiencias nómadas

29 de noviembre de 2009

Si Pha Dong

El río Mekong sigue siendo nuestro compañero de viaje y hay un punto en el que sus aguas se bifurcan formando un montón de islitas con vegetación frondosa y clima afortunado. Esta zona se llama Si Pha Dong, que significa literalmente “4000 islas”, y está en el límite sur de Laos, haciendo frontera con Camboya.
Para llegar allí desde la capital, puesto que eran muchas horas, decidimos hacer el viaje de noche. Nos montamos en un bus cama divertidísimo, que estaba decorado con cortinas rosas, en el que no había butacas reclinables (como suelen ser los buses cama al uso), sino que estaba lleno de literas para una o dos personas, con colchonetas tipo tatami y con mantas floreadas de muchos colores. El tamaño de la cama era adecuado para Laura, pero no para Héctor, que tuvo que dormir encogido porque no cabía de rodillas para abajo. Para desayunar nos dieron leche de soja y unas galletas de coco, y con los primero rayos de sol llegamos a Pakse, capital de la provincia del mismo nombre, y tras otro tramo en otro bus más normalito y un paseíto en bote, llegamos a Don Khon, la isla en la cual decidimos pasar unos días de relax.
Y vaya si descansamos! Hay tanta tranquilidad que se te queda cara de hamaca.
No mide más de 6 kilómetros de norte a sur, y tres de este a oeste, y al ser llanita lo ideal es explorarla con paseos en bici.
 Si la zona norte, que es donde se concentran todos los alojamientos, ofrece un paraje con cascadas, rápidos del río, y unas magníficas puestas de sol, la zona este te descubre pequeñas villas con plantaciones y granjas, en las que todos sus habitantes te saludan al pasar (sabai dee!!!) y los niños te miran, te dan la mano, y te sonríen con complicidad. Uno de los días aprovechamos las primeras horas de luz para bajar al sur de la isla y con el bote de un pescador acercarnos a observar a los esquivos delfines de Irrawady (si, estos delfines curiosamente viven en las aguas dulces del Mekong, frontera entre Laos y Camboya). Pocos pudimos ver, pero desde luego mereció la pena pasar un rato de absoluta calma en la barcaza escuchando, viendo y sintiendo lo que nos ofrecíó ese maravilloso paraje. El regreso al punto de partida por la parte oeste de la isla nos descubrió una fantástica playa fluvial de arena finísima -e incluso con conchas!-, ideal para hacer un alto en el camino y darse un chapuzón, dejándote sorprender, una vez más, por la biodiversidad del Mekong.
Unos días de relax y sosiego, un regalo para los sentidos como broche de oro a nuestra expedición por Laos, un país fantástico que encandila por la bondad y autenticidad de sus gentes, su riqueza etnológica, su ritmo de vida pausado, el verdor de sus paisajes …

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Don Khon, 29 de noviembre de 2009

28 de noviembre de 2009

Vientián

¡Hemos llegado a la capital de Laos! Esta ciudad creció a orillas del Mekong frente a la vecina Tailandia, curioso enclave para una capital. En unos días comienzan aquí los SEA GAMES (South East Asia Games), que podría decirse que son los juegos olímpicos del sudeste asiático y quizá por este motivo nos costó encontrar un alojamiento en condiciones que no estuviera completo, aunque al final dimos con uno bastante moderno y a buen precio. Después de dejar todos los bártulos, nos bajamos a la ribera, que es donde se concentran todas las terracitas, a disfrutar de una beerlao y lo que podría haber sido una bonita puesta de sol que quedó deslucida por las escavadoras que trabajaban a orillas del río.
 Comenzamos la ruta turística a la mañana siguiente bien temprano para huir del calor y las aglomeraciones en los lugares de mayor interés. De nuevo aquí los templos suponen el mayor orgullo de sus gentes. Un ejemplo muy digno es el Pha That Luang, gran estupa dorada representada en el escudo del país y cuyo nombre completo quiere decir: “La estupa sagrada más bonita del mundo”; el Patuxai es otra de las edificaciones más representativas y consiste en una especie de aglomerado de cemento con cierto aire al arco del triunfo parisino pero con cuatro lados, y que dan a una gran avenida que algunos califican como “los campos elíseos de Laos”. Podríamos describir algunos templos más si hubiéramos estado en ellos, pero como imaginaréis a estas alturas creemos haber visto bastantes, así que dedicamos el resto de la tarde a buscar los billetes para el largo viaje nocturno que habría de llevarnos tras 11 horas a Si Phan Don o zona de las 4000 islas formadas por el Mekong en el sur del país y haciendo frontera con Camboya.
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Don Khon, 28 de noviembre de 2009

26 de noviembre de 2009

Vang Vieng

Seguimos nuestra andadura hacia el sur. Con nuestro billete de “locu” bus en la mano, nos aventuramos a una nueva odisea. En esta ocasión también pinchamos por el camino, sólo que el cambio de neumático llevo cerca de hora y media. Mientras tanto los pasajeros, fuera del bus, charlábamos y disfrutábamos de los primeros rayos de sol entre neblinas (porque estábamos a gran altitud). Así llegamos a Vang Vieng, más tarde de lo previsto, pero eso es normal y además no pasa nada, porque aquí el tiempo y la importancia de las cosas se miden de otra manera.
 Esta urbe en sí no tiene nada de interesante, pero se ha convertido en un lugar de gran concentración turística por dos motivos fundamentalmente: una amplia oferta de turismo de aventura gracias a los ríos y las impresionantes formaciones kársticas que la rodean; pero también muchos viajeros aprovechan para recalar por aquí unos días y disfrutar del ocio nocturno, de las versiones “happy” de su gastronomía local, o de una copichuela recostado en alguno de los lugares más cool en los que proyectan continuamente capítulos de Friends (!)
 De entre todas las opciones la más habitual es el tubing: se baja por el río sobre un neumático de camión y se va haciendo paraditas en diferentes chiringuitos a orillas del río para echar unos traguitos y aumentar la emoción y la sensación de riesgo. Nosotros en cambio, aunque decidimos mojarnos (aprovechando que en esta región vuelve a hacer calorcito), nos embarcamos en un kayak por el río Nam Song que nos sirvió además de transporte para llegar hasta Vientián, nuestro siguiente destino.
El río baja bastante manso, con la excepción de tres tramos de rápidos en el más grande de los cuales “decidimos” darnos el primer bañito. Por el camino, hicimos la rigurosa parada para almorzar (unos pinchitos morunos que se curraron el guía y sus ayudantes en una improvisada barbacoa) y para liberar adrenalina con un imponente salto al agua desde unos 10 metros de altura.
 Disfrutamos mucho de la naturaleza, del silencio, y de la agradable temperatura del agua. No sabemos si en esta ocasión, esas fotos en las que parecemos marines americanos en la guerra de Vietnam más que aprendices de kayaking, hacen justicia a nuestro relato.

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Vientián, 26 de noviembre de 2009

23 de noviembre de 2009

Luang Prabang

Después de 9 horas de trayecto en el “locu” bus (que es como aquí llaman a los autobuses locales de línea), por una carretera tortuosa y mal o nada asfaltada, pero con un paisaje montañoso espectacular y constantemente verde, salpicado de miles de pequeñas villas que pudimos contemplar a través de los polvorientos cristales ….. llegamos a Luang Prabang, la perla del Mekong.
 Lo primero que le llama a uno la atención de esta ciudad es su colorido, sobre todo si es al anochecer, cuando todas las calles se llenan de pequeñas y cálidas lucecillas. Arrinconada por los ríos Mekong y Nam Kham, y atravesada por tres calles principales que la recorren a lo largo, esta península fluvial despierta muy temprano y sus calles comienzan a llenarse de gente al amanecer para observar o participar en el diario ritual en el que unos 400 monjes con sus llamativas túnicas naranjas, formando una larga fila, recogen los alimentos (casi siempre arroz, y plátanos) que les brindan los más devotos.
La huella que dejaron los franceses en esta ciudad, la más importante del país durante el periodo colonial, queda patente en su arquitectura que se integra a la perfección con la tradicional laosiana. Gran parte de los edificios están destinados al hospedaje de los viajeros, y este aumento del turismo se nota en sus precios, muchos de ellos expuestos directamente en dolares y por supuesto más caros que en otras ciudades, aunque siempre quedan lugares para todos los bolsillos, es cuestión de buscar...
Aquí se pierde en autenticidad de muchas cosas, pero se gana en otras: extensas cartas gastronómicas con menús para todos los paladares y precios (comida local pero también occidental). Y si habitualmente puedes comprar cualquier cosa en cualquier momento y lugar, aquí más: encuentras desde elegantes galerías de arte de manufactura local, hasta puestos callejeros donde se vende todo tipo de artesanía, un atractivo mercado de alimentos, y un mercadillo nocturno con una gran cantidad de elegantes tejidos y todo tipo de souvenires.
Cuando cae la tarde el mejor plan es hacerse con una botella de Beerlao y bajar a orillas del Mekong a contemplar unas magníficas puestas de sol.
Igual que la ciudad despierta muyyyy temprano, duerme a partir de las 23.30 horas, que es el momento del toque de queda. Sí, sí, habéis leído bien: todos los locales y comercios cierran a esa hora, igual que los alojamientos …. así es que más te vale estar ya dentro …. que si no te quedas durmiendo en la calle, o pidiéndole a un monje que te haga un hueco en el templo (qué mal rollo! ¿no?)

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Luang Prabang, 23 de noviembre de 2009

20 de noviembre de 2009

Luang Nam Tha

SABAI DEE! [pronunciado sabaidiiii], que es como se dice “hola” en lao
 Lo primero que le llama a uno la atención al llegar a Laos, a parte de la tranquilidad de sus calles y sus gentes, es ¡que hay pan y buen café! (¿herencia de sus colonizadores franceses?). Además, las ciudades y pueblos son más humildes, con peores infraestructuras y menor intensidad lumínica en el alumbrado de sus calles.
 Al cambio, nuestros euros se han convertido en millones de kips (moneda laosiana), y para que os hagáis una idea, el alojamiento de esta noche en una bonita habitación con agua caliente y free wi -fi nos cuesta 60.000 kips (unos 5 €), por lo que podréis suponer que nuestra cartera está a reventar de billetes.
 Ahora nos encontramos en Luang Nam Tha, una ciudad situada al norte de Laos. El tiempo ha variado con brusquedad y tenemos que hacer uso del chubasquero y la manga larga. Lo interesante de la zona, además de ir haciéndose al ritmo del país, es adentrarse en el parque nacional de Nam Ha. Hace dos días que llegamos a esta ciudad, sin saber la fascinante aventura que nos deparaba.
 Salimos temprano. No había parado de llover desde la noche anterior y ésto nos hacia dudar del estado del camino. Tomamos un tuk-tuk acompañados del que iba a ser nuestro guía, Somphone (un granjero de cincuenta y pico, que complementa sus ingresos con este tipo de actividades), y nuestros compañeros de expedición: Andy y Luccia.
Una vez que accedimos al parque nacional comenzamos la caminata. En el primer tramo tuvimos que vadear repetidas veces un río que nos llevaba hasta una pequeña cascada. A partir de ese punto comenzamos la ascensión adentrándonos en una espesa selva de bambús de diferentes tamaños y colores. Por un momento pensamos formar parte del reparto de una película de la guerra de Vietnam.
Llegado el medio día alcanzamos unas construcciones de caña hechas por los campesinos que trabajaban el arroz, que sirvieron de base para nuestro improvisado almuerzo. Sobre unas enormes hojas de plátano a modo de mantel, el guía fue sirviendo los manjares que traía preparados: arroz glutinoso, judías verdes, espárragos silvestres y una riquísima salsa de tomate. Y todo esto, por supuesto, lo comimos con las manos.
Tras algo más de seis horas de dura caminata accedimos a un poblado de la etnia `Black thai´ en el que vivían apenas dos familias. Era el lugar en el que deberíamos pasar la noche. Rodeados de campos de arroz, y con unos pocos animales de granja, no era muy difícil imaginar cuál iba a ser nuestra cena. Al más puro estilo rural, nos cocinaron en una hoguera un rico arroz glutinoso y una sopa de pato con noodles. Durante la “sobremesa” tuvimos la ocasión de compartir con ellos una botella de lao-lao, un rico aguardiente de arroz que puede llegar a dar más de un dolor de cabeza. Charlamos hasta bien entrada la noche e intercambiamos impresiones con los lugareños (con la imprescindible traducción de nuestro guía, claro) y secamos nuestro calzado al calor del fuego. Muy gustosamente nos habríamos quedado más rato charlando, pero al día siguiente había que madrugar, así que nos fuimos a dormir todos a la única cabaña destinada a esos fines; sobre una alfombra de bambú extendimos nuestras esterillas y nos arropamos bien con unas mantas que nos prestaron nuestros anfitriones. Nos despertaron los gallos a las 7 de la mañana y perezosos nos pusimos a hacer de nuevo el fuego para preparar el gran desayuno. Comenzó con un vaso de café y una calabaza asada para continuar después con unos huevos revueltos con flores de un árbol del recinto, de nuevo la salsa de tomate y cómo no, el famoso arroz glutinoso laosiano (¿no se nos está poniendo ya cara de orientales?).
Seis horas de intensa pero interesante caminata nos separaban de el fin de esta aventura. Sin olvidar embadurnarnos en loción antimosquitos (que por aquí los bichejos transmiten la malaria), echamos a andar atravesando los cultivos, bosques de enormes plataneras, frondosos helechos y bambús. A lo largo de todo el recorrido Somphone nos fue contando un montón de cosas sobre la historia del país, sus vivencias, la agricultura, la gastronomía, la medicina tradicional, los usos y costumbres.... ¡Un tipo genial y muy buena persona! Y una vez volvimos a pisar asfalto, nos recogió un tuk-tuk para devolvernos a la “civilización”, y poner punto y final a la que ha sido probablemente ¡una de las mejores y más auténticas experiencias de nuestra vida!
Después de la merecida ducha de agua caliente (que aquí escasea), y comprados los billetes para el autobús que nos llevará mañana a Luang Prabang (en un trayecto con una duración aproximada de 10 horas), os dejamos. Nos vamos a buscar un poquito de arroz glutinoso y una buena Beerlao!

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Luang Nam Tha, 20 de noviembre de 2009

18 de noviembre de 2009

Triángulo de Oro

Amanecimos de nuevo en Chiang Rai. Cogimos todos nuestros bártulos y proseguimos camino hacia el Triángulo de Oro.
Esta zona está situada en el extremo más septentrional de Tailandia, y recibe este nombre porque hace no tanto tiempo era la mayor productora de opio, una sustancia muy valiosa, y que junto con el oro servía como forma de pago en todo este área de grandes intercambios comerciales. Es además el punto en el que confluyen tres fronteras (Tailandia, Myanmar y Laos) a orillas del espectacular río Mekong (el 10º más largo del mundo, que baña toda la península de Indochina y de cuyas fértiles tierras viven millones de personas).
 Antes de llegar aquí hicimos varias paradas. La primera fue para visitar un poblado Karen, conocido por las “Long Neak” (o mujeres jirafa), exiliadas de Myanmar. La situación política de su tierra le hizo salir de ella y actualmente viven en régimen de refugiados en el país vecino. Carretera adelante pudimos ver a lugareños recolectando arroz en extensos campos, un simpático grupo de monos que viven junto a una escarpada gruta y así llegamos hasta Mae Sai, la ciudad fronteriza con Myanmar, con un ambiente de trapicheo realmente turbio.
 Tras deleitarnos la vista con la panorámica del “Golden Triangle” vistamos el Museo del Opio, un espacio pequeño pero bien documentado que explica la importancia que ha tenido esta mercancía y los usos a los que está destinada actualmente después de que su consumo fuera prohibido y penado con cárcel.
 Nuestro propósito era avanzar hasta Chiang Kong, donde estaba el paso fronterizo más cercano con Laos. Un simpático guía nos condujo por carreteras de exuberante vegetación y una vez allí, decidimos cruzar la aduana y hacer noche ya en tierras laosianas. A estas horas de la tarde, en el momento próximo al cierre de fronteras, la aduana no presentaba tiempo de espera, así es que pagamos nuestra visa, sellamos nuestro pasaporte y atravesamos el Mekong con una barcaza motorizada. Ya estamos en Laos.
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Houay Xai, 18 de Noviembre de 2009

16 de noviembre de 2009

Chiang Rai

Seguimos nuestro periplo por el norte, y por aquí se está mucho mejor: ciudades más pequeñas, más auténticas y mucho menos turismo, además las temperaturas poco a poco se van suavizando.
Este enclave, se encuentra a 180 km. al noreste de Chiang Mai, lo que nos acerca al llamado “Triángulo de Oro” (confluencia de las fronteras entre Myanmar, Laos y Tailandia).
 La ciudad de Chiang Rai no tiene nada de espectacular en cuanto a su arquitectura o desarrollo urbano, pero se respira un aire mucho más auténtico, y un ejemplo de ello es su gastronomía. Multitud de puestos callejeros abarrotan las calles más céntricas, y los lugareños comen en ellos a todas horas. Nosotros no íbamos a ser menos. Ayer en el mercado nocturno pudimos probar por primera vez un plato de “deliciosos” insectos fritos: grillos, tenebrios y crisálidas (Ummmm!!! ¿a que se os ha abierto el apetito de repente?).
 Sin mucho más que hacer en la ciudad, aquí lo que merece la pena es adentrarte en plena naturaleza. Y eso es lo que hemos hecho.
 Tras los pasos de un birmano exiliado (con un inglés-chino imposible de entender) que nos ha hecho de guía, hemos disfrutado un montón: con una barcaza a motor hemos remontado un tramo del Mae Kok hasta llegar a un poblado Karen (la única etnia de la zona que aún emplea al elefante como “herramienta” de trabajo). La verdad es que hemos podido comprobar en nuestras propias carnes que no es especialmente cómodo montar en elefante (¿en qué estarían pensando Aníbal y sus secuaces?), pero la experiencia ha sido fascinante. Río arriba y adentrándonos ya en la selva, tras una hora de caminata hemos arribado a un poblado de exiliados chinos que nos han preparado una estupenda sopa de noodles picante (exquisita!) y un té con hojas recién cogidas de la plantación.
Con las pilas cargadas y abriéndonos camino entre la maleza hemos alcanzado un poblado Akha que goza de unas maravillosas vistas, y muy próximo a unas cascadas que son un regalo para los sentidos después del intenso recorrido. En el último tramo de nuestra aventura, atravesando algunos arrozales y campos de cultivo de té, hemos llegado a un camino principal. Por suerte pasaba justo por allí un todoterreno. Nos hemos subido a su ranchera, y ha sido nuestro trasero el que ha padecido los miles de baches del final del recorrido, un centro de aguas termales al aire libre en las que no nos hemos metido porque olía a huevo podrido.
 Un día genial!

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Chiang Rai, 16 de noviembre de 2009.

14 de noviembre de 2009

Chiang Mai

Comenzamos el viaje por el norte y nuestra primera etapa es Chiang Mai. Llegamos por la mañana temprano después de darnos el gran madrugón para coger el vuelo que salia a las 8:00 de la mañana - hemos hecho un poquito de trampa, ya que las 14 horas de camino en bus no nos seducían demasiado y el trayecto nocturno no nos iba a aportar más que fuertes dolores de espalda.
Chiang Mai es una ciudad totalmente diferente de la frenética Bangkok. Con tan sólo 200.000 habitantes y un clima mucho más benigno, ya no chorreamos de sudor (tan sólo goteamos). Las casas son bajas y el centro se encuentra rodeado de un canal y los restos de lo que fue una muralla de ladrillo. Como hay mucho menos tráfico, da gusto perderse por sus callejuelas y tomar algún tuk-tuk que te libre de la solana sin tener miedo a perder la vida.
 Tras una visita a esos Wats (templos) dignos de ver, se puede degustar una de tantas especialidades gastronómicas de la zona. Nosotros nos hemos decantado por la sopa de noodles con ternera, ummmm! deliciosa (habéis probado a comer sopa con palillos????).
 Como ser turista es muy cansado, y los tailandeses lo saben, tienen a tu disposición algunos lugares para acabar contigo del todo. Por menos de 2,5€ la hora, te ofrecen miles de modalidades de masaje de la auténtica escuela Thai. La técnica consiste en que emplean todas las partes de su cuerpo para presionar y retorcer todos tus músculos (incluso algunos que no recordabas tener!), y os prometemos que a pesar de la paliza, cuando sales te sientes como si flotaras, con una gran sonrisa en la cara.
 Por último deciros que en esta ciudad hay que tener mucho cuidado con el bolsillo!!! La carretera de los ladrones (benévolamente llamada “de los artesanos”), el bonito mercado nocturno, y los miles de puestos callejeros, pueden suponer una perdición para los amantes de las compras. En nuestro caso hemos resistido a la tentación, no porque no nos gustara nada ….. sino porque tenemos mucho camino por delante con la mochila al hombro!

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Chiang Mai, 14 de noviembre de 2009.

12 de noviembre de 2009

Bangkok

Comenzamos el viaje por la agitada Bangkok y nos recibe su inmenso aeropuerto.
El viaje fue un poco largo (11 horas) y no pudimos dormir apenas, pero tuvimos algo de energía para sobrellevar lo que nos quedaba de día, es decir todo, porque eran las seis de la mañana! La primera aventura nos sucedió en el taxi que nos llevaba del aeropuerto a la ciudad, un loco trayecto de casi dos horas. Íbamos adaptándonos al inglés con acento thai del conductor, cuando el coche se averíó y tuvimos que abandonarlo en medio de la autopista para subir a otro taxi. Menos mal que luego tuvimos suerte con el alojamiento: una agradable villa de madera con exuberante jardín regentado por una simpática pareja de ancianos tailandeses que nos hablan en inglés como pueden.
 Por ser el primer día decidimos patearnos la ciudad para tomarle el pulso ….
Caminar por las calles del centro de Bangkok equivale a succionar de una sola vez los cigarros de veinte paquetes de tabaco dentro de una sauna.
La densidad de tráfico es tremenda y además no hay orden ni concierto. El peatón tiene que tirarse (literalmente) a la calzada para que los millones de taxis de colores fosforitos y los famosos tuk-tuk (vehículos carro de tres ruedas) paren. Es una ciudad en constante y estresante movimiento, con ruidos estridentes y fuertes olores. Adolece de buena comunicación desde luego. Los autobuses funcionan muy mal, y las estaciones de metro son pocas y no conectan puntos neurálgicos o de interés. Y si a esto le sumamos el tremendo calor (los europeos sudamos a chorros, y no es una exageración en absoluto), hay momentos que la hacen una urbe verdaderamente insoportable.
Con todo y con eso la ciudad tiene su encanto.
Hay remansos de paz, jardines preciosos, millones de bellos templos que llenan de color las calles, grupos de monjes con sus túnicas azafrán pasean por la ciudad, puedes sentarte unos minutos a la orilla del río Chao Praya a contemplar la actividad comercial, pasear por bonitos mercados de flores y comer bien.
Miles de puestos callejeros ofertan una gran variedad gastronómica a cualquier hora en casi todos los barrios de la ciudad: frutas, verduras, guisos con noodles o arroz. Y bedidas de todo tipo, aunque nosotros nos damos al agua (cosumimos al día muchísimas botellas).
Todo es barato: comes por un euro, bebes por 10 ó 20 céntimos, duermes en una guest house por 8 euros (habitación doble). Incluso las visitas turísticas son económicas.
 Buda y sus millones de templos ….
Bangkok tiene muchos iconos, todos relacionados con el budismo. Y recorrerlos es ir encontrando a buda en diferentes posiciones o elaborado con diferentes materiales: el buda yacente, el buda sentado, el buda esmeralda, etc. Y todas estas bellas estatuas se encuentran dentro de templos dignos de admiración. Son construcciones generalmente rodeadas de impecables murallas blancas, que poseen millones de detalles, múltiples colores, artísticas incrustaciones de vidrio. Es el caso de Golden Mountain, Wat Arun, Wat Pho, Wat Phra Kaew y el Gran Palacio. Vaya, que no dejan a uno indiferente.
 Cuando cae la noche, con los pies molidos, una buena ducha con agua fría es lo mejor que te puede pasar. Luego una cena ligerita con una buena cerveza Chang!
De mañana no pasa sin que probemos esos fantásticos masajes tailandeses que te ofrecen en un montón de sitios. Esto promete …...

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Bangkok, 12 de noviembre 2009

8 de noviembre de 2009

El Sudeste asiático nos espera

Ya tenemos todo preparado. Este año cambiamos de rumbo y de continente.
Os invitamos a que nos acompañéis a través de este blog en la que será nuestra primera incursión en Asia. Durante las próximas semanas recorreremos parte de la Península de Indochina: Tailandia, Laos y Camboya. Otra cultura, otro idioma, otra gastronomía. Seguro que resulta emocionante.
Intentaremos contaros y mostraros cómo va la aventura con tanta frecuencia como nos permitan las tecnologías ...
En la sección de enlaces podéis encontrar unos mapas en los que seguir nuestros pasos.