29 de octubre de 2008
27 de octubre de 2008
Camino Inca y Machu Picchu
Uno de los grandes momentos de este viaje. Si. Preparados para una aventura por las montañas durante cuatro días para llegar a la nueva “maravilla del mundo”.
La noche anterior al inicio de la expedición conocimos a nuestro guía Ronald. Nos dio la información necesaria y nos recordó algunas cosas que era necesario llevar. A las 06.15 AM un colectivo nos pasó a recoger por el hostal. Amanecemos entre suaves neblinas que se van haciendo más espesas por el camino. Hace fresco. Tras un par de horas de camino y un contundente desayuno en Ollantaytambo –en el que pudimos conocer a nuestros compañeros de caminata: Mathiu y Carolina una pareja de ingleses treintañeros- nos adentramos con el bus por una trocha carrozable hasta el punto de inicio.
La entrada al Camino Inka está limitada para evitar avalanchas de turistas e intentar que el impacto ambiental sea el menor posible. Pasamos el check point de inicio, pasaporte en mano. A ponerse el chubasquero ….. comienza lloviendo nuestro camino. Paso ligero pero tranquilo, nos quedan cuatro días con sus noches.
Claro está que las primeras horas fueron de toma de contacto: de dónde venimos, a qué nos dedicamos, qué hemos visto del Perú. Éramos uno de los grupos más pequeños: cinco; muy cómodo.
Una de las cosas que ya nos sorprendió desde el primer momento fue la impresionante carga que llevan los portadores: 25 kilos cada uno. Pero no en cómodas mochilas deportivas, no. Junto con las mochilas de algunos excursionistas pseudos-montañeros que deciden pagarles un dinero para que les lleven su equipaje, llevan fajos de plástico en los que guardan los ingredientes para elaborar los desayunos-comida-cena de todos los días que dura la expedición, sillas y mesas de plástico, tiendas de campaña para pernoctar, y más. Todo eso lo llevan a la espalda con unos sacos o petates que atan con nudos por delante de los hombros y van corriendo –tanto si es subida como si es bajada. Puf! una pasada!! Para más inri los señores van con sandalias (similares a las que utilizaban en su momento los incas), hechas con goma de neumático. Qué frío!
La primera jornada fue tranquila. Ratos de sol, ratos de nubes y alguna llovizna. La comida fue en un campamento improvisado que los portadores montaron en un abrir y cerrar de ojos. Por la tarde, una suave subida por un valle nos llevó hasta el campamento donde pasaríamos la primera noche. Plena naturaleza. A cielo descubierto. Sólo unas cuantas tiendas de campaña repartidas en varias terrazas.
Anochece pronto, y además estás agotado después del madrugón. Luces de linternas se divisan por el campamento a la hora de hacer pipí y lavarse los dientes. Charlas a la luz de las velas en un saloncito improvisado con unas lonas. A dormir pronto. Por la mañana con las primeras luces y el piar de pajarillos el ayudante de cocina de los porteadores nos despierta con una infusión de mate de coca en la puerta de la tienda de campaña. Hace frío, así es que viene bien para entrar en calor.
Recogemos el campamento en un pis pas. Un nutritivo desayuno para la segunda jornada. La más dura y la más larga (7 horas y media de camino). Una gran subida. La verdad es que con la altitud el corazón se acelera más. Necesitas más bocanadas de aire para suministrar oxígeno a todos los músculos. Llegamos al paso más alto del Camino Inca, el Warmiwañusca, también conocido como “La Mujer Muerta” a 4.200 metros de altitud. Todo lo demás fue bajada, tremenda bajada (muy dura para las rodillas) además con un montón de niebla. A mitad de la bajada almorzamos. Comenzó a llover, y no paró hasta que llegamos al campamento. Calados a pesar del chubasquero y del calzado para agua. Frío, pasamos mucho frío esa noche.
La tercera jornada fue bastante agradable. La niebla no nos dejó apreciar del todo las bonitas panorámicas. Pero hay que decir que tuvo su encanto. Miles de escalinatas, túneles excavados en la roca, bosques húmedos, plantas semitropicales. Una chulada.
Esa noche llegamos hasta el campamento más cercano al Machu Picchu. La cena fue un poco festiva. Brindamos con unas botellas de vino que pudimos comprar en un barecillo cercano a la acampada. Estábamos bastante cansados y además teníamos que madrugar para llegar pronto a nuestro destino.
Esa noche dormimos bastante bien. Pero a las cuatro, en pie. A oscuras, recogimos todo y desayunamos. Nos despedimos de los porteadores/cocineros (que nos alimentaron y cuidaron muy bien). Ya de camino comenzó a clarear. Tras poco más de hora y media, y el esfuerzo de las rampas finales llegamos a Inti Punku (Puerta del Sol) desde donde se puede contemplar al amanecer una magnífica imagen completa del Machu Picchu (Montaña Vieja en Quechua), cuando aún no ha llegado ningún turista. Un gran privilegio!!!!
No defrauda. La verdad es que es una imagen impresionante. De cerca o de lejos. Son ruinas. Pero lo que queda de esa gran ciudad, es suficiente como para imaginarse cómo fue en su momento de máximo esplendor (antes de la llegada de nuestros antepasados, los colonos españoles). El graderío para la agricultura, las viviendas de los más humildes, los templos a sus dioses (el sol, la luna, el cóndor), los lugares para la observación astronómica. Todo eso y mucho más construido con rigor milimétrico y una gran técnica arquitectónica que aprovechó cualquier roca natural para integrarla en su conjunto. Mirar alrededor es una auténtica gozada. Empinadas montañas, recubiertas de frondosa vegetación, valles profundos. Majestuoso.
Sólo hay un pero: tanto turista (y eso que está controlado) hace difícil la tarea del fotógrafo.
Ya estamos de regreso en Cuzco. Cansados, pero contentos. Porque la experiencia mereció mucho la pena y además gozamos de buena compañía. Los ingleses resultaron ser encantadores (ha sido como un curso intensivo, porque hemos practicado mucho inglés), y Ronny, el guía, tímido, pero muy buena persona y muy agradable.
Ahora nos toca descansar porque mañana, y para concluir nuestro viaje, nos vamos a pasar unos días a las selva.
Ya os contaremos!
Cuzco, 26 de octubre de 2008
23 de octubre de 2008
Cuzco y el Valle Sagrado
Hemos llegado al “ombligo del mundo”. Si, Qosco, como nombraron los incas a esta ciudad (Cuzco) tiene este significado en lengua quechua.
Un largo e interesante viaje nos ha traído desde Puno atravesando el altiplano y visitando de camino un museo en Pukara, el punto más alto de la carretera en Abra la Raya, a 4200 msnm, las ruinas de Raqchi y la hermosa población de Andahuaylillas.
Por primera vez desde que llegamos a Perú nos ha resultado difícil encontrar un taxi. Finalmente pudimos llegar a nuestro destino, el barrio de San Blas, la zona más bohemia y más alta de la ciudad desde donde tenemos maravillosas vistas de todas las tejas rojas que caracterizan a Cuzco.
Nuestra primera impresión es que es una ciudad muy acogedora, eso si, inundada de turistas. Un montón de callejuelas empedradas dan cobijo a millares de locales de artesanía y un sinfín de bares y restaurantes con muy buena pinta. Lástima que no nos de tiempo a probarlos todos. El final de cada callejuela nos sorprende con una hermosa plaza ajardinada y como no, con su correspondiente iglesia. Los muros de sillar de la antigua arquitectura inca se funden ahora con las construcciones coloniales que aprovecharon estas enormes piedras como cimientos.
Además de unos cuantos museos, el boleto turístico -que uno está casi obligado a comprarse- te permite visitar un montón de “piedras”. Si amigos, los incas dejaron millones de piedras esparcidas por todas partes, luego los arqueólogos las han ido desenterrando, y ahora los agotados turistas nos arrastramos de unas a otras para sellar todas las casillas de nuestro famoso “boleto”. El sol de justicia, la altitud y las interminables escaleras que hay que subir para acceder a cada una de estas ruinas le dejan a uno sin aliento.
A pocos kilómetros de Cuzco comienza el “Valle Sagrado”, regado por el río Urubamba. Es corta la distancia que separa cada una de las poblaciones de este fértil paraje, pero largo el tiempo que se tarda en ir de una a otra en los ruinosos autobuses públicos. Ahora bien, esta es la forma más auténtica y sorprendente de descubrirlas. Pisac con su interminable mercadillo de artesanía y sus interesantes ruinas merecen una parada. Urubamba, es el nudo de comunicaciones del valle, aunque carece por completo de interés y Ollantaytambo, coqueta villa de campesinos y repleta de ruinas, es nuestra última parada antes de deshacer el camino para regresar a Cuzco.
Cuzco, 22 de Octubre de 2008
20 de octubre de 2008
Puno y el lago Titicaca
¡Llegamos a lo más alto!.
Puno, la ciudad a orillas del “Titicaca” se eleva a 3935msnm y creednos, dar tan solo dos pasos aquí no es nada fácil. Tomamos un taxi hasta el hostal en el que pretendíamos hospedarnos, pero estaba completo. Al parecer una delegación de estudiantes había venido a la ciudad, pero muy amablemente nos localizaron un hospedaje cercano con plazas y precio similar.
Nos dirigimos mochila al hombro al nuevo alojamiento y a nuestro cerebro le costaba tomar oxígeno. La sensación al subir al tercer piso ataviados con todo el equipaje era la de respirar dentro de una urna en la que el aire no se renueva. Sin perder mucho tiempo nos acercamos a la una agencia a contratar un bus turístico para hacer la ruta hasta Cusco visitando ruinas arqueológicas por el camino, y ya este pequeño paseo nos pareció algo agotador, a cada bocanada le faltaba el gas elemento y optamos por seguir las recomendaciones de los lugareños: “Comer poquito, andar despacito y beber muchito”, así que a paso de tortuga nos acercamos a la zona céntrica, con la intención de comer algo ligero y tomar un mate de coca que acabase con la neblina que empañaba nuestros pensamientos.
A las tres de la tarde no es fácil encontrar un lugar donde te sirvan comida y tuvimos que conformarnos con una pequeña pizza que muy amablemente nos prepararon en un ratito de los de aquí…
Las calles estaban abarrotadas de gente y de jóvenes disfrazados y siguiendo una interminable fila de charangueros que nos acompañó toda la tarde. Al principio nos pareció algo curioso y divertido, pero a eso de las diez de la noche acabaríamos aborreciéndolo por completo.
A paso de abuelo nos acercamos al puerto, pues no nos gustó demasiado el tour que nos ofrecían en el hotel para visitar las islas flotantes de los Uros e islas de Amantaní y Taquile y contratamos el viaje en barco con una comunidad de marineros de Amantaní. Parece la mejor manera de que el dinero llegue a los que de verdad lo necesitan y una vez cerrados todos los asuntos paseamos dificultosamente por esta ciudad un tanto caótica, como tantas otras en el Perú.
Despertamos a las seis de la mañana para poder ducharnos (de nuevo hemos conseguido agua caliente) y acercarnos a las inmediaciones del puerto a desayunar otro mate de coca y comprar algo de fruta y unas pinturas para llevar a la familia con la que nos alojaríamos en la isla de Amantaní.
El viaje en barco nos llevo en una hora a las islas flotantes de los Uros, una antigua población que para huir de otras culturas más beligerantes que vivieron en la rivera del Titicaca, construyó unas plataformas valiéndose de los juncos de totora, en un principio a modo de embarcaciones y más adelante como pequeños islotes esponjosos. Bastante turístico ahora, pero verdaderamente admirables.
Tras una breve pausa continuamos viaje, ahora durante tres largas y frías horas, hasta arribar a Amantaní, donde varias familias se arremolinaban para ofrecernos sus alojamientos. La nuestra era una familia un tanto endogámica, donde la mujer estaba casada con su sobrino etc… con la misma familia vinieron una pareja de franceses, Max y Sophie, que hablaban un perfecto español por haber vivido cinco años en México.
La casa estaba compuesta por un pequeño habitáculo que hacia las veces de cocina, salón y dormitorio y que cobijaba una pequeño grupo de 6 cuis (cobayas o conejillos de indias), que en esta región no son considerados mascotas, sino uno de los mayores manjares. Sobre este habitáculo estaban las dos habitaciones donde dormiríamos los bienvenidos turistas. La isla no cuenta con luz eléctrica y las únicas comodidades de la que disponía la habitación eran: una vela, dos camas de paja con un colchón encima y un orinal del que Laura tuvo que hacer uso. Jejeje
Comimos a la llegada una rica sopa de quinua y un plato con dos variedades de papa y un huevo con tomate rodeados de la familia y los cuis y conversamos un poco sobre su forma de vida, que ahora era casi exclusivamente el turismo. Nos decepcionó un poco, pues nos hubiera gustado ver de cerca ese modo de vida ancestral, pero en fin…
A la tarde caminamos isla arriba, de nuevo aquejados de los problemas de la altura, para visitar la “Pacha Tata” y la “Pacha Mama”, dos pequeños recintos en los que ofrendaban a la “Madre Tierra” por hacerles llegar la lluvia y los alimentos a sus hogares. Casi habíamos comenzado a descender cuando la noche y la lluvia llegaron de la mano para hacernos olvidar la falta de aliento y corrimos sendero abajo con las linternas y el frío como compañeros y al pobre Rubén como guía.
Pusimos las ropas a secar y únicamente cubiertos por las prendas térmicas nos juntamos para la cena en la habitación de los compañeros franceses con los que charlamos largo y tendido de los más diversos temas. Nos acostamos prontito y dormimos medianamente bien hasta ser despertados por los cánticos de los niños de la zona ¡a eso de las cinco u media! y tras el desayuno de un mate de una hierba llamada “muña” y unas deliciosa tortitas, bajamos al puerto para viajar durante una hora en barco a visitar la isla de Taquile, si cabe más turística pero cuyos pobladores tienen un curioso modo de exhibir sus situación amorosa según la posición de la borla del gorrito. Dos horas después y tras un buen rato compartiendo unas cervezas cuzqueñas con los compañeros del barco de mayoría francesa, como parece ser la tónica en el viaje, volvemos a Puno de nuevo en un penoso y frío viaje.
Puno, 18 de octubre de 2008
Puno, la ciudad a orillas del “Titicaca” se eleva a 3935msnm y creednos, dar tan solo dos pasos aquí no es nada fácil. Tomamos un taxi hasta el hostal en el que pretendíamos hospedarnos, pero estaba completo. Al parecer una delegación de estudiantes había venido a la ciudad, pero muy amablemente nos localizaron un hospedaje cercano con plazas y precio similar.
Nos dirigimos mochila al hombro al nuevo alojamiento y a nuestro cerebro le costaba tomar oxígeno. La sensación al subir al tercer piso ataviados con todo el equipaje era la de respirar dentro de una urna en la que el aire no se renueva. Sin perder mucho tiempo nos acercamos a la una agencia a contratar un bus turístico para hacer la ruta hasta Cusco visitando ruinas arqueológicas por el camino, y ya este pequeño paseo nos pareció algo agotador, a cada bocanada le faltaba el gas elemento y optamos por seguir las recomendaciones de los lugareños: “Comer poquito, andar despacito y beber muchito”, así que a paso de tortuga nos acercamos a la zona céntrica, con la intención de comer algo ligero y tomar un mate de coca que acabase con la neblina que empañaba nuestros pensamientos.
A las tres de la tarde no es fácil encontrar un lugar donde te sirvan comida y tuvimos que conformarnos con una pequeña pizza que muy amablemente nos prepararon en un ratito de los de aquí…
Las calles estaban abarrotadas de gente y de jóvenes disfrazados y siguiendo una interminable fila de charangueros que nos acompañó toda la tarde. Al principio nos pareció algo curioso y divertido, pero a eso de las diez de la noche acabaríamos aborreciéndolo por completo.
A paso de abuelo nos acercamos al puerto, pues no nos gustó demasiado el tour que nos ofrecían en el hotel para visitar las islas flotantes de los Uros e islas de Amantaní y Taquile y contratamos el viaje en barco con una comunidad de marineros de Amantaní. Parece la mejor manera de que el dinero llegue a los que de verdad lo necesitan y una vez cerrados todos los asuntos paseamos dificultosamente por esta ciudad un tanto caótica, como tantas otras en el Perú.
Despertamos a las seis de la mañana para poder ducharnos (de nuevo hemos conseguido agua caliente) y acercarnos a las inmediaciones del puerto a desayunar otro mate de coca y comprar algo de fruta y unas pinturas para llevar a la familia con la que nos alojaríamos en la isla de Amantaní.
El viaje en barco nos llevo en una hora a las islas flotantes de los Uros, una antigua población que para huir de otras culturas más beligerantes que vivieron en la rivera del Titicaca, construyó unas plataformas valiéndose de los juncos de totora, en un principio a modo de embarcaciones y más adelante como pequeños islotes esponjosos. Bastante turístico ahora, pero verdaderamente admirables.
Tras una breve pausa continuamos viaje, ahora durante tres largas y frías horas, hasta arribar a Amantaní, donde varias familias se arremolinaban para ofrecernos sus alojamientos. La nuestra era una familia un tanto endogámica, donde la mujer estaba casada con su sobrino etc… con la misma familia vinieron una pareja de franceses, Max y Sophie, que hablaban un perfecto español por haber vivido cinco años en México.
La casa estaba compuesta por un pequeño habitáculo que hacia las veces de cocina, salón y dormitorio y que cobijaba una pequeño grupo de 6 cuis (cobayas o conejillos de indias), que en esta región no son considerados mascotas, sino uno de los mayores manjares. Sobre este habitáculo estaban las dos habitaciones donde dormiríamos los bienvenidos turistas. La isla no cuenta con luz eléctrica y las únicas comodidades de la que disponía la habitación eran: una vela, dos camas de paja con un colchón encima y un orinal del que Laura tuvo que hacer uso. Jejeje
Comimos a la llegada una rica sopa de quinua y un plato con dos variedades de papa y un huevo con tomate rodeados de la familia y los cuis y conversamos un poco sobre su forma de vida, que ahora era casi exclusivamente el turismo. Nos decepcionó un poco, pues nos hubiera gustado ver de cerca ese modo de vida ancestral, pero en fin…
A la tarde caminamos isla arriba, de nuevo aquejados de los problemas de la altura, para visitar la “Pacha Tata” y la “Pacha Mama”, dos pequeños recintos en los que ofrendaban a la “Madre Tierra” por hacerles llegar la lluvia y los alimentos a sus hogares. Casi habíamos comenzado a descender cuando la noche y la lluvia llegaron de la mano para hacernos olvidar la falta de aliento y corrimos sendero abajo con las linternas y el frío como compañeros y al pobre Rubén como guía.
Pusimos las ropas a secar y únicamente cubiertos por las prendas térmicas nos juntamos para la cena en la habitación de los compañeros franceses con los que charlamos largo y tendido de los más diversos temas. Nos acostamos prontito y dormimos medianamente bien hasta ser despertados por los cánticos de los niños de la zona ¡a eso de las cinco u media! y tras el desayuno de un mate de una hierba llamada “muña” y unas deliciosa tortitas, bajamos al puerto para viajar durante una hora en barco a visitar la isla de Taquile, si cabe más turística pero cuyos pobladores tienen un curioso modo de exhibir sus situación amorosa según la posición de la borla del gorrito. Dos horas después y tras un buen rato compartiendo unas cervezas cuzqueñas con los compañeros del barco de mayoría francesa, como parece ser la tónica en el viaje, volvemos a Puno de nuevo en un penoso y frío viaje.
Puno, 18 de octubre de 2008
19 de octubre de 2008
Arequipa y el cañón del Colca
Llegamos a Arequipa muy temprano, después de hacer noche en un bus-cama. Como compañeros de sillón reclinables una simpática pareja de holandeses.
El alojamiento que habíamos reservado (por recomendación) nos decepcionó, pero con tal de no andar rondando con las mochilas....una buena ducha y a descubrir la ciudad. Más tarde nos mudaríamos a un alojamiento mejor, más céntrico y con bonito patio por el mismo precio (unos 10 euros la noche en habitación doble con desayuno incluido).
Arequipa. Fue un flechazo, si. Desde un primer momento nos sentimos muy bien en esta, la llamada “ciudad blanca”, amenazada por el impresionante Misti, un volcán activo que se divisa desde prácticamente cualquier rincón de la ciudad.
Su plaza de Armas (Mayor) es majestuosa, con una catedral hecha de sillares de piedra volcánica blanca –como la gran cantidad de edificios y casas coloniales que salpican la ciudad. Sus calles están llenas de vida, con un tráfico alocado que contrasta con el carácter tranquilo de sus gentes. Está el sector de las librerías, enormes, con cientos de estanterías que apilan desde las más antiguas reliquias hasta los más modernos ejemplares. El de los instrumentos musicales; es curioso que además de flautas andinas venden mogollón de guitarras españolas. El de las telas y ropas, el de productos comestibles …. y sí también hay una especie de calle Preciados peatonal y con tiendas de moda. Se nota que es una ciudad moderna, que vive un gran proceso de desarrollo (como el país en general). Pero no ha perdido las tradiciones: los comedores rústicos, los excelentes guisos, los miles de puestos callejeros (te venden por ejemplo cordones de todos los colores para todo tipo de zapatos), y el mercado de abastos: genial, fascinante! Está dividido por zonas: las verduras, las frutas, los puestos con los millones de tipos de patata (es el alimento nacional por excelencia), los pollos, las carnes, los pescados (de aquí es típico el camarón, que no es chiquito como el nuestro sino tamaño gambón), las juguerías en las que degustar deliciosos zumos naturales hechos al instante, los de empanadas salteñas de carne, y más. De lo más auténtico.
No dejamos de visitar el Monasterio de Santa Catalina. Pero sobre todo disfrutamos del Museo Santury, en el que se puede contemplar el cuerpo momificado con ropaje incluido de la conocida como Princesa del Hielo; una joven Inca de familia noble que fue sacrificada en honor a los dioses de su pueblo en lo alto de una montaña, y que fue allí sepultada. Fue rescatada de su tumba hace poco más de diez años por algunos expertos arqueólogos tras el deshielo de la cima; y gracias a ella se están haciendo un montón de investigaciones y resolviendo un montón de enigmas sobre los Incas.
Pero si algo destaca de Arequipa, es su ambiente nocturno. Por el centro se apilan muchos locales muy bien cuidados en su decoración para servir cenas. Y si aún te quedan fuerzas, porque lo de ser turista es muy duro!, hay bares de copas con diferentes tipos de música (aunque predomina la batuca) con bastante buen ambiente todas las noches. Vaya, que nos hemos ido encantados de Arequipa.
Completamos nuestra visita a esta región con una excursión de tres días al Cañón del Colca. Impresionantes los cóndores que pudimos observar ….. con los prismáticos, guaaaaaau una pasada! A lo largo del cañón pasamos por diferentes villas en las que habitan descendientes de los Incas, nos enseñaron sus costumbres y tradiciones, sus recursos naturales (plantas medicinales, minerales), nos contaron sus creencias y leyendas que han ido pasando oralmente de generación en generación. Y todo esto guiado por Juan Carlos,un joven peruano que estudia turismo y compartido con un grupo de diez excursionistas más de muy diferentes países. Algunos de ellos eran rarunos, pero hemos de decir que se cumplen los prototipos: los franceses eran muy franceses, los americanos muuuuuy americanos, y supongo que nosotros muy españoles. Toda una experiencia!
Puno, 18 de octubre de 2008
12 de octubre de 2008
Costa sur
Emprendemos nuestro camino a la costa sur para visitar Pisco y los atractivos que envuelven sus alrededores. Para ello tomamos un bus desde Lima, no el que teníamos pensado, por incompatibilidad horaria, sino otro de la compañía Soyuz en el que éramos los únicos turistas. Tres horas y media de camino con un paisaje desértico y poblados desoladores a ambos lados de la panamericana.
A nuestra llegada a Pisco intentamos buscar el alojamiento que teníamos recomendado en la guía al tiempo que algunos reventas nos ofertaban sus alojamiento y nos hacían saber que el nuestro había sido destruido en el terremoto de hace un año. No había más que mirar alrededor y fijarse en todos los muros derruidos y la bóveda de la catedral hundida y a punto de caer. Pisco no parecía un lugar muy atractivo y ahora entendíamos mejor el porqué.
Por suerte fuimos a parar a un alojamiento muy nuevo y muy bien cuidado hasta el último detalle. Violeta, la dueña de Tambo Colorado (el hostal) es una mujer encantadora que hizo que nos sintiésemos como en casa. El personal del propio hostal nos aconsejó a cerca de la excursión que pretendíamos realizar por las Islas Ballestas y la Reserva Nacional de Paracas.
Precisamente en este pueblo que no nos ofrecía mucha confianza, nos aventuramos a sacar dinero en un cajero, por necesidad! para poder pagar las boletas del bus-cama que al día siguiente nos llevaría a Arequipa. Y tras esto, un paseo por el “bulevar” (calle peatonal con todos los baldosines levantados, repleta de puestos con carteles fosforitos donde venden de todo), compra en un super de bollitos y batido para el desayuno del día siguiente, y rica cena de verduras, ceviche y pescado en el Restaurante D. Santiago (reconstruido con unas paredes de contrachapado y un techo de caña). Prontito a dormir!
Estupendo el colchón ….. buena ducha de agua caliente, y en marcha. Una combi nos recoge en el hostal y nos conduce al embarcadero de El Chaco, cerca de Paracas. Subimos a una lancha motora provistos de chubasquero, chaleco salvavidas y un gorro “antiguano” (por si nos cagaban los pajaritos en la cabeza!). Iniciamos el trayecto bordeando la bahía de Paracas. En una ladera avistamos una figura en bajorrelieve con forma de candelabro, realizada con la misma técnica (y se supone que significado) que las famosas y misteriosas líneas de Nazca (así es que visto esto decidimos saltarnos Nazca y el caro viaje en avioneta ….. porque no nos iba a aportar mucho más). A gran velocidad llegamos con la lancha a las Islas Ballestas (también conocidas como las Galápagos de los pobres). Un espectáculo grandioso!! de verdad. Miles de aves -50.000 marcaba el último censo- habitan los peñotes. Cormoranes, guanays, zarcillos, pelícanos, varias especies de gaviota y curiosos pingüinos de Humbold conviven con imponentes grupos de Leones Marinos. Bello, muy bello.
Después de dos horas regresamos a tierra firme para calentarnos con un buen chocolate a la taza y emprender rumbo a la Reserva de Paracas. Es enorme, y nosotros sólo recorrimos un trocito. Atravesamos preciosos parajes desérticos circulando por una carretera de sal y caminos de arena. Fuimos parando en preciosos acantilados y playas con arenas de todos los colores. La visita acababa con un almuerzo de pescado fresco en una pequeña villa de pescadores.
A nuestro regreso, Violeta nos obsequió con un par de vasitos de excelente Pisco Sour, el cóctel más famosos del Perú, originario de esa ciudad.
Contentos, nos fuimos para la estación de buses de Ormeño. Nos esperaba un largo trayecto.
Arequipa, 11 de octubre de 2008
9 de octubre de 2008
Costa norte
Llevamos muy pocos días de viaje …. y ya hay tanto que contar ….
Comenzamos nuestro recorrido por la Costa Norte. Y tomamos Trujillo como nuestra base de operaciones. Aunque conocida como la ciudad “de la eterna primavera” y por sus edificios coloniales, es en realidad una urbe caótica y ruidosa: millones de taxis amarillos circulan por sus calles en todas direcciones pintando sin parar por y para todo: para “invitarte” a que subas, para saludar a sus amigos, para advertir a los demás conductores de por dónde van, para que no cruces por el paso de peatones porque primero van ellos, etc. Así es que estamos muy contentos de tener una habitación interior en el Hostal Colonial (el mejor entre los baratos).
En cada esquina hay un puesto de prensa con un montón de cabeceras diferentes, y con millones de golosinas raras con colores radiactivos. Vendedores ambulantes por doquier ofrecen comestibles que aún no nos hemos atrevido a probar (aún estamos entrenando a nuestras bacterias intestinales!).
Desde luego que estos días nos han cundido. Nos hemos empapado de historia y arqueología de algunas civilizaciones preincaicas. Comenzamos visitando la interesantísima Huaca de la Luna (huaca= templo), donde nuestra guía, Tali, nos descubrió un montón de cosas sobre los Moches.
Visitamos también la fascinante Chan Chan (Patrimonio de la Humanidad), la mayor ciudad de adobe jamás conocida (14km2) perteneciente a la cultura Chimú. Viajamos 3 horas en bus hasta Lambayeque, para ver más ruinas de todos estos pueblos, y quedamos maravillados por el dominio de la orfebrería de los mochicas al ver al Señor de Sipán cubierto de oro hasta las orejas (Museo de Tumbas Reales).
Visitamos también la fascinante Chan Chan (Patrimonio de la Humanidad), la mayor ciudad de adobe jamás conocida (14km2) perteneciente a la cultura Chimú. Viajamos 3 horas en bus hasta Lambayeque, para ver más ruinas de todos estos pueblos, y quedamos maravillados por el dominio de la orfebrería de los mochicas al ver al Señor de Sipán cubierto de oro hasta las orejas (Museo de Tumbas Reales).
Todas estas civilizaciones se originaron y crecieron en este territorio, que es desierto! regado sólo en algunos valles por ríos que proceden directamente de la cordillera andina.
Y después de tanto empacho de ruinas, leyendas y tal …. hoy hemos estado en la playa. Huanchaco, templo surfero de la zona, no dista mucho de Trujillo, así es que hemos cogido una “combi” (que es como una furgo de 9 pasajeros donde hemos ido 21 personas) para llegar allí. Ha sido emocionante porque nos hemos dado cuenta de que por primera vez en nuestra vida estábamos en el Océano Pacífico. Una pena, porque a pesar del sol, hacía frío por el viento. Así es que sólo nos hemos mojado un pie. Largos paseos por la inmensa playa, y curiosidad por los “Caballitos de Totora” – unas embarcaciones hechas de junco de totora, que todavía hoy emplean los pescadores de la zona para salir a faenar siguiendo la tradición milenaria.
Como podéis ver en alguna foto, la gastronomía en esta zona es un lujo (ya nos lo habían dicho!). Nos hicimos con una lista de los platos típicos y hemos ido probando tooooooooooooooodos uno a uno: ceviche de marisco y pescado, arroz con mariscos, zambra (delicioso guiso de legumbres especiadas que sólo se cocina los lunes!), cabrito asado con arroz y frejoles, chicharrones (riquísimo pescadito adobado y rebozado), y más.
Mañana regresamos a Lima para continuar nuestro periplo por la Costa Sur!
Trujillo, 8 de octubre de 2008
3 de octubre de 2008
Declaración de intenciones
Hemos querido brindaros la posibilidad de seguir nuestros pasos a través de este sitio, dosificando imágenes y anécdotas en pequeñas píldoras que podréis ir ingiriendo a vuestro antojo, a fin de evitar el empacho fotográfico al que os tenemos acostumbrados tras cada viaje. ¡Prometemos, no obstante, deleitaros con la pertinente jornada gastronómica tan pronto como nos encontremos de vuelta y hayamos recuperado el aliento!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)