Hemos llegado al “ombligo del mundo”. Si, Qosco, como nombraron los incas a esta ciudad (Cuzco) tiene este significado en lengua quechua.
Un largo e interesante viaje nos ha traído desde Puno atravesando el altiplano y visitando de camino un museo en Pukara, el punto más alto de la carretera en Abra la Raya, a 4200 msnm, las ruinas de Raqchi y la hermosa población de Andahuaylillas.
Por primera vez desde que llegamos a Perú nos ha resultado difícil encontrar un taxi. Finalmente pudimos llegar a nuestro destino, el barrio de San Blas, la zona más bohemia y más alta de la ciudad desde donde tenemos maravillosas vistas de todas las tejas rojas que caracterizan a Cuzco.
Nuestra primera impresión es que es una ciudad muy acogedora, eso si, inundada de turistas. Un montón de callejuelas empedradas dan cobijo a millares de locales de artesanía y un sinfín de bares y restaurantes con muy buena pinta. Lástima que no nos de tiempo a probarlos todos. El final de cada callejuela nos sorprende con una hermosa plaza ajardinada y como no, con su correspondiente iglesia. Los muros de sillar de la antigua arquitectura inca se funden ahora con las construcciones coloniales que aprovecharon estas enormes piedras como cimientos.
Además de unos cuantos museos, el boleto turístico -que uno está casi obligado a comprarse- te permite visitar un montón de “piedras”. Si amigos, los incas dejaron millones de piedras esparcidas por todas partes, luego los arqueólogos las han ido desenterrando, y ahora los agotados turistas nos arrastramos de unas a otras para sellar todas las casillas de nuestro famoso “boleto”. El sol de justicia, la altitud y las interminables escaleras que hay que subir para acceder a cada una de estas ruinas le dejan a uno sin aliento.
A pocos kilómetros de Cuzco comienza el “Valle Sagrado”, regado por el río Urubamba. Es corta la distancia que separa cada una de las poblaciones de este fértil paraje, pero largo el tiempo que se tarda en ir de una a otra en los ruinosos autobuses públicos. Ahora bien, esta es la forma más auténtica y sorprendente de descubrirlas. Pisac con su interminable mercadillo de artesanía y sus interesantes ruinas merecen una parada. Urubamba, es el nudo de comunicaciones del valle, aunque carece por completo de interés y Ollantaytambo, coqueta villa de campesinos y repleta de ruinas, es nuestra última parada antes de deshacer el camino para regresar a Cuzco.
Cuzco, 22 de Octubre de 2008
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