Llegamos a Arequipa muy temprano, después de hacer noche en un bus-cama. Como compañeros de sillón reclinables una simpática pareja de holandeses.
El alojamiento que habíamos reservado (por recomendación) nos decepcionó, pero con tal de no andar rondando con las mochilas....una buena ducha y a descubrir la ciudad. Más tarde nos mudaríamos a un alojamiento mejor, más céntrico y con bonito patio por el mismo precio (unos 10 euros la noche en habitación doble con desayuno incluido).
Arequipa. Fue un flechazo, si. Desde un primer momento nos sentimos muy bien en esta, la llamada “ciudad blanca”, amenazada por el impresionante Misti, un volcán activo que se divisa desde prácticamente cualquier rincón de la ciudad.
Su plaza de Armas (Mayor) es majestuosa, con una catedral hecha de sillares de piedra volcánica blanca –como la gran cantidad de edificios y casas coloniales que salpican la ciudad. Sus calles están llenas de vida, con un tráfico alocado que contrasta con el carácter tranquilo de sus gentes. Está el sector de las librerías, enormes, con cientos de estanterías que apilan desde las más antiguas reliquias hasta los más modernos ejemplares. El de los instrumentos musicales; es curioso que además de flautas andinas venden mogollón de guitarras españolas. El de las telas y ropas, el de productos comestibles …. y sí también hay una especie de calle Preciados peatonal y con tiendas de moda. Se nota que es una ciudad moderna, que vive un gran proceso de desarrollo (como el país en general). Pero no ha perdido las tradiciones: los comedores rústicos, los excelentes guisos, los miles de puestos callejeros (te venden por ejemplo cordones de todos los colores para todo tipo de zapatos), y el mercado de abastos: genial, fascinante! Está dividido por zonas: las verduras, las frutas, los puestos con los millones de tipos de patata (es el alimento nacional por excelencia), los pollos, las carnes, los pescados (de aquí es típico el camarón, que no es chiquito como el nuestro sino tamaño gambón), las juguerías en las que degustar deliciosos zumos naturales hechos al instante, los de empanadas salteñas de carne, y más. De lo más auténtico.
No dejamos de visitar el Monasterio de Santa Catalina. Pero sobre todo disfrutamos del Museo Santury, en el que se puede contemplar el cuerpo momificado con ropaje incluido de la conocida como Princesa del Hielo; una joven Inca de familia noble que fue sacrificada en honor a los dioses de su pueblo en lo alto de una montaña, y que fue allí sepultada. Fue rescatada de su tumba hace poco más de diez años por algunos expertos arqueólogos tras el deshielo de la cima; y gracias a ella se están haciendo un montón de investigaciones y resolviendo un montón de enigmas sobre los Incas.
Pero si algo destaca de Arequipa, es su ambiente nocturno. Por el centro se apilan muchos locales muy bien cuidados en su decoración para servir cenas. Y si aún te quedan fuerzas, porque lo de ser turista es muy duro!, hay bares de copas con diferentes tipos de música (aunque predomina la batuca) con bastante buen ambiente todas las noches. Vaya, que nos hemos ido encantados de Arequipa.
Completamos nuestra visita a esta región con una excursión de tres días al Cañón del Colca. Impresionantes los cóndores que pudimos observar ….. con los prismáticos, guaaaaaau una pasada! A lo largo del cañón pasamos por diferentes villas en las que habitan descendientes de los Incas, nos enseñaron sus costumbres y tradiciones, sus recursos naturales (plantas medicinales, minerales), nos contaron sus creencias y leyendas que han ido pasando oralmente de generación en generación. Y todo esto guiado por Juan Carlos,un joven peruano que estudia turismo y compartido con un grupo de diez excursionistas más de muy diferentes países. Algunos de ellos eran rarunos, pero hemos de decir que se cumplen los prototipos: los franceses eran muy franceses, los americanos muuuuuy americanos, y supongo que nosotros muy españoles. Toda una experiencia!
Puno, 18 de octubre de 2008
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