... experiencias nómadas

12 de octubre de 2008

Costa sur

Emprendemos nuestro camino a la costa sur para visitar Pisco y los atractivos que envuelven sus alrededores. Para ello tomamos un bus desde Lima, no el que teníamos pensado, por incompatibilidad horaria,  sino otro de la compañía Soyuz en el que éramos los únicos turistas. Tres horas y media de camino con un paisaje desértico y poblados desoladores a ambos lados de la panamericana.
A nuestra llegada a Pisco intentamos buscar el alojamiento que teníamos recomendado en la guía al tiempo que algunos reventas nos ofertaban sus alojamiento y nos hacían saber que el nuestro había sido destruido en el terremoto de hace un año. No había más que mirar alrededor y fijarse en todos los muros derruidos y la bóveda de la catedral hundida y a punto de caer. Pisco no parecía un lugar muy atractivo y ahora entendíamos mejor el porqué.
Por suerte fuimos a parar a un alojamiento muy nuevo y muy bien cuidado hasta el último detalle. Violeta, la dueña de Tambo Colorado (el hostal) es una mujer encantadora que hizo que nos sintiésemos como en casa. El personal del propio hostal nos aconsejó a cerca de la excursión que pretendíamos realizar por las Islas Ballestas y la Reserva Nacional de Paracas.
Precisamente en este pueblo que no nos ofrecía mucha confianza, nos aventuramos a sacar dinero en un cajero, por necesidad! para poder pagar las boletas del bus-cama que al día siguiente nos llevaría a Arequipa. Y tras esto, un paseo por el “bulevar” (calle peatonal con todos los baldosines levantados, repleta de puestos con carteles fosforitos donde venden de todo), compra en un super de bollitos y batido para el desayuno del día siguiente, y rica cena de verduras, ceviche y pescado en el Restaurante D. Santiago (reconstruido con unas paredes de contrachapado y un techo de caña). Prontito a dormir!
Estupendo el colchón ….. buena ducha de agua caliente, y en marcha. Una combi nos recoge en el hostal y nos conduce al embarcadero de El Chaco, cerca de Paracas. Subimos a una lancha motora provistos de chubasquero, chaleco salvavidas y un gorro “antiguano” (por si nos cagaban los pajaritos en la cabeza!). Iniciamos el trayecto bordeando la bahía de Paracas. En una ladera avistamos una figura en bajorrelieve con forma de candelabro, realizada con la misma técnica (y se supone que significado) que las famosas y misteriosas líneas de Nazca (así es que visto esto decidimos saltarnos Nazca y el caro viaje en avioneta ….. porque no nos iba a aportar mucho más). A gran velocidad llegamos con la lancha a las Islas Ballestas (también conocidas como las Galápagos de los pobres). Un espectáculo grandioso!! de verdad. Miles de aves -50.000 marcaba el último censo- habitan los peñotes. Cormoranes, guanays, zarcillos, pelícanos, varias especies de gaviota y curiosos pingüinos de Humbold conviven con imponentes grupos de Leones Marinos. Bello, muy bello.
Después de dos horas regresamos a tierra firme para calentarnos con un buen chocolate a la taza y emprender rumbo a la Reserva de Paracas. Es enorme, y nosotros sólo recorrimos un trocito. Atravesamos preciosos parajes desérticos circulando por una carretera de sal y caminos de arena. Fuimos parando en preciosos acantilados y playas con arenas de todos los colores. La visita acababa con un almuerzo de pescado fresco en una pequeña villa de pescadores.
A nuestro regreso, Violeta nos obsequió con un par de vasitos de excelente Pisco Sour, el cóctel más famosos del Perú, originario de esa ciudad.
Contentos, nos fuimos para la estación de buses de Ormeño. Nos esperaba un largo trayecto.
Arequipa, 11 de octubre de 2008  

No hay comentarios:

Publicar un comentario