... experiencias nómadas

16 de noviembre de 2009

Chiang Rai

Seguimos nuestro periplo por el norte, y por aquí se está mucho mejor: ciudades más pequeñas, más auténticas y mucho menos turismo, además las temperaturas poco a poco se van suavizando.
Este enclave, se encuentra a 180 km. al noreste de Chiang Mai, lo que nos acerca al llamado “Triángulo de Oro” (confluencia de las fronteras entre Myanmar, Laos y Tailandia).
 La ciudad de Chiang Rai no tiene nada de espectacular en cuanto a su arquitectura o desarrollo urbano, pero se respira un aire mucho más auténtico, y un ejemplo de ello es su gastronomía. Multitud de puestos callejeros abarrotan las calles más céntricas, y los lugareños comen en ellos a todas horas. Nosotros no íbamos a ser menos. Ayer en el mercado nocturno pudimos probar por primera vez un plato de “deliciosos” insectos fritos: grillos, tenebrios y crisálidas (Ummmm!!! ¿a que se os ha abierto el apetito de repente?).
 Sin mucho más que hacer en la ciudad, aquí lo que merece la pena es adentrarte en plena naturaleza. Y eso es lo que hemos hecho.
 Tras los pasos de un birmano exiliado (con un inglés-chino imposible de entender) que nos ha hecho de guía, hemos disfrutado un montón: con una barcaza a motor hemos remontado un tramo del Mae Kok hasta llegar a un poblado Karen (la única etnia de la zona que aún emplea al elefante como “herramienta” de trabajo). La verdad es que hemos podido comprobar en nuestras propias carnes que no es especialmente cómodo montar en elefante (¿en qué estarían pensando Aníbal y sus secuaces?), pero la experiencia ha sido fascinante. Río arriba y adentrándonos ya en la selva, tras una hora de caminata hemos arribado a un poblado de exiliados chinos que nos han preparado una estupenda sopa de noodles picante (exquisita!) y un té con hojas recién cogidas de la plantación.
Con las pilas cargadas y abriéndonos camino entre la maleza hemos alcanzado un poblado Akha que goza de unas maravillosas vistas, y muy próximo a unas cascadas que son un regalo para los sentidos después del intenso recorrido. En el último tramo de nuestra aventura, atravesando algunos arrozales y campos de cultivo de té, hemos llegado a un camino principal. Por suerte pasaba justo por allí un todoterreno. Nos hemos subido a su ranchera, y ha sido nuestro trasero el que ha padecido los miles de baches del final del recorrido, un centro de aguas termales al aire libre en las que no nos hemos metido porque olía a huevo podrido.
 Un día genial!

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Chiang Rai, 16 de noviembre de 2009.

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