... experiencias nómadas

27 de octubre de 2011

Shekawati, un paseo por el norte

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Aprovechamos nuestro paso por Jaipur, capital de Rajastán, para hacer una escapada a la provincia más septentrional, de nombre Shekawati.
A través del personal del hotel en el que nos alojamos en Jaipur, conocimos a Moin, de profesión comerciante -como todos aquí. En este caso, conductor y vendedor de rutas para turistas en coches privados. “One Love” es el nombre de su empresa, y como a él le gusta decir “en mi coche entras como un cliente y sales siendo un amigo”. En general todo el mundo quiere hacer negocio con absolutamente todo; unos con más descaro y caradura, otros con más elegancia y relativa honestidad. Moin es del segundo tipo.

El viaje hacia el norte comenzó temprano. Atravesar las siempre atestadas y caóticas calles de la ciudad llevó un rato. Las carreteras por lo general no están en buen estado. Si a eso le unimos la ausencia de señalización y de reglas, y un constante uso del claxon, el resultado es un sálvese quien pueda en el que opera la ley del más grande y más rápido: camión, coche, motocarro, bicicleta, camello, peatón y vaca, por ese orden y en cualquier circunstancia. La escasa siniestralidad en proporción a este caos se debe a la verdadera flexibilidad y buen manejo de los conductores (ellas no conducen), y a la baja velocidad (no se superan habitualmente los 40km/h).

El norte está configurado por múltiples pequeñas villas tranquilas, pero sucias y muy descuidadas. Una pena, ya que poseen un buen patrimonio urbano: las havelis. Salpicadas por sus calles estas mansiones victorianas (habitualmente de dos plantas y con patio central, decoradas con impresionantes piedras y maderas talladas, así como con pinturas al fresco), en las que antes se sellaban importantes negocios, son propiedad de ricas familias de marajás, que se trasladaron a vivir a grandes urbes con la decadencia del comercio en la llamada ruta de la seda, que por aquí pasaba. Dejaron su cuidado en manos de guardas que moran algunas de sus estancias con máxima humildad, y que sólo obtienen como ingreso una cuantas rupias que dejan quienes de vez en cuando les visitan. Es por eso que su conservación deja mucho que desear.

Resulta chocante que sea el interés de los turistas por recorrer estos pueblos para ver y disfrutar de las havelis lo que está propiciando la concienciación del valor que en si mismos tienen. Muchos jóvenes estudiantes de la zona, que chapurrean diversos idiomas europeos, se ofrecen como guías para recorrer contigo los pueblos a cambio de un puñado de rupias. Una buena cosa para fomentar el desarrollo local, aunque haría falta que estuviera regulado y que se exigiera un mínimo de documentación. Pero eso es mucho pedir … a día de hoy.

Una noche estrellada y de agradable temperatura, y una amena conversación con Moin, que nos cuenta, como ya han hecho otros, que están obligados a casarse muy jóvenes, en general con alguien de su misma casta y a quien no han elegido (ni ellas, ni ellos), y que en la mayoría de las ocasiones esos matrimonios que obligan a procrear, son un fracaso y viven separados de hecho. Si se es mujer a esta desdicha hay que sumarle la carencia de derechos. Y si se es hombre la obligación de hacer frente a constantes pagos de celebraciones y deudas familiares.

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Mandawa (Shekawati), 27 de octubre de 2011

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